Rostro e identidad

Rostro e identidad

Aquello que predomina en tu día a día, también predomina en tu rostro.

 

Freud escribio:  “aquel que tenga ojos para ver y oídos para escuchar, podrá convencerse de que ningún mortal puede guardar un secreto. Si sus labios mantienen silencio, conversará a través de las puntas de sus dedos, la traición brotará de todos sus poros”

 

El rostro es identidad y a través de él mas que ninguna otra parte de nuestro cuerpo establecemos relaciones: la sonrisa, la mirada, las expresiones, … son canales tan directos de interrelación que no necesitan de las palabras para establecer un mensaje directo y completo.

La forma del rostro está condicionada por la raza, la herencia, la estructura de huesos y músculos y además es el gran altavoz de la persona, informa sobre nuestra identidad individual (sexo masculino o femenino),  la edad (juventud o vejez), las intenciones (hostil o amistosa), sobre los deseos y estados emocionales (miedo, ira, enfado, asco, tristeza, alegría).

La expresión “dar la cara” hace referencia a la relación entre el rostro y la personalidad: ilustra como los sentimientos y las actitudes aparecen de forma evidente en la expresión y difícilmente podemos esconderlos.

Numerosos son los expertos en morfopsicología que afirman que a partir de los cuarenta años tenemos la cara que nos merecemos,  sus teorías se basan en que a partir de una herencia genética hemos ido modelando una fisiognomia que refleja nuestra forma de ser, las actitudes y comportamientos que han predominado en nuestra vida y los sentimientos que hemos vivido con más frecuencia a lo largo de esos años.

Existen teorías que hablan de modelo ideal del rostro cuando las tres divisiones horizontales poseen la misma medida, del comienzo de los cabellos al nacimiento de la nariz, de la raíz de la nariz a su base, y desde la base de la nariz a la punta del mentón.

Estas tres partes faciales se corresponden con los tres cerebros de MacLean: el racional, el emocional y el reptil,  y que recogen las tres grandes funciones biológicas de digestión, respiración y cerebralización,  y los tres tipos de inteligencia: concreta para sobrevivir, relacionar para comunicar y abstracta para conceptualizar.

La parte superior del rostro es la cognitiva, y es donde está la vida intelectual, la reflexión, las ideas, es representada por la frente, las cejas, las sienes y los ojos.

La parte media del rostro es la emocional o la zona afectiva donde nos encontramos la diversión, es la zona perceptiva en la que se sitúan las relaciones y los afectos,  es el entorno a la nariz, los pómulos, el maxilar superior y las mejillas. Esta zona corresponde en los mamíferos al desarrollo del sistema límbico, unido al sistema vegetativo como centro de las emociones y afectos.

Y la parte inferior del rostro es la instintiva, donde se refleja la voluntad, reflejará los objetivos y su hacer, comprende desde el espacio nasolabial a la barbilla (boca, mandíbula y mentón) y corresponde al funcionamiento del sistema nervioso reptil, es el centro de los instintos primordiales. Es la parte donde se localiza la fuerza de los impulsos.

En definitiva, en el rostro se concentra toda nuestra percepción del mundo exterior. Ahora puedes observar tu rostro y comprobar cómo aquello que predomina en tu día a día, también predomina en tu rostro.

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