¿QUE TENGO, QUE QUIERO?

¿QUE TENGO, QUE QUIERO?

Antes de iniciar un viaje tenemos claro aspectos esenciales claves a la hora de tomar nuestra decisiones; testeamos si las necesidades básicas estarán cubiertas, qué nivel de seguridad vamos a tener, con quien vamos a compartir el trayecto, si nuestro objetivo es descansar, vivir aventuras o conocer antigüedades y finalmente imaginamos que a la vuelta nuestro espíritu estará otra vez dispuesto a afrontar los avatares de la vida en rutina.

Los procesos para afrontar y saber leer los ciclos de nuestras vidas son mucho más caóticos, con frecuencia nos convertimos en “muñecos de trapo” manejados por las circunstancias esquivando como podemos los múltiples obstáculos que nos van avasallando en el camino.

En un viaje no nos subimos en el primer avión que sale cuando llegamos al aeropuerto, ni elegimos nuestros compañeros en la puerta de embarque, sin embargo en la vida real cuanto más agobiados estamos más pisamos nuestro acelerador vital aplicando indebidamente nuestro instinto básico de huida o ataque (que en la prehistoria nos salvaba de las bestias) sin pararnos a pensar durante un rato la respuesta a dos preguntas…

  • ¿Qué tengo?
  • ¿Qué quiero?

Nos sentimos ansiosos de encontrar las soluciones en modelos estereotipados y falsamente mitificados que se encuentran fuera de las circunstancias reales de nuestras vidas. Otras vidas, supuestamente “perfectas”, en una malentendida esclavitud social dirigida hacia un positivismo compulsivo y que invita a un laberinto del “todo o nada” con un “cubo de rubik” entre cristales. Lo “superficial” engulle a lo “auténtico”.

Damos la espalda a circunstancias y realidades de nuestra propia existencia hurtándonos el derecho básico e inseparable a toda vida humana; planificar una hoja de ruta atendiendo a las circunstancias propias y singulares de una existencia original e irreplicable…

Cada árbol tiene sus raíces, no crece con el agua de la lluvia que recibe otro árbol.

Verse en el espejo es fácil, mirarse en el espejo no lo es tanto. Iniciar un camino de autoconocimiento, asumirse, aceptarse y sobre todo, trazar el viaje de nuestra vida en base a lo que vemos es tarea de titanes. Nos han educado en esta sociedad a buscarnos fuera de nosotros y cuando nos miramos hacia dentro la vulnerabilidad propia de la esencia humana, nos rebota hacia fuera sin pararnos a pensar que nuestra fortaleza está en asumirla, aceptarla… antes o después, la propia realidad nos terminará poniendo en nuestro sitio y solo la lluvia que riega nuestro árbol nos servirá.

Son muchos los caminos hacia el autoconocimiento; desde GTI proponemos un modelo basado en el Coaching y en el desarrollo personal, pero ninguno es descartable a priori, todos son válidos solo hace falta un primer paso basado en el convencimiento de que cada vida tiene el derecho a ser vivida y planificada desde la propia realidad esencial de cada uno.

A modo de reflexión nos proponemos hacer un ejercicio como si fuera un sencillo juego, utilicemos las gafas de Abraham Maslow y su pirámide (jerarquía de necesidades) para hacer un primer acercamiento a nuestra realidad.

La teoría principal de este afamado psicólogo humanista de mediados de S.XX se basaba en que cada ser humano necesitaba satisfacer unos niveles de necesidades para poder desarrollarse de manera adecuada y poder así acceder al siguiente nivel.

La-piramide-de-Maslow

 

Desde GTI nos preguntamos:

¿Qué tenemos? ¿Qué queremos?

GTI