Mi pluma estilográfica

Mi pluma estilográfica

“La pluma Montblanc era preciosa, pero junto con ella me regalaron un problema, porque sentí que tenía que usarla y además cuidarla. Era demasiado valiosa para permitir que se me perdiera. Cada vez que salía rumbo a la oficina me tocaba el bolsillo de la chaqueta para ver si estaba ahí. Si no estaba, la buscaba desesperadamente por todos lados. Me gustaba firmar documentos y cheques con ella, porque sentía que me daba estatus. Hasta que me di cuenta de que vivía para mi famosa pluma, siempre preocupado de ella. Los fines de semana la dejaba en el escritorio de mi casa, en un cajón, y siempre estaba pendiente de comprarle tinta, porque exigía mantención. En verano a veces no me ponía chaqueta y como uso camisas sin bolsillo tenía que guardar mi lapicera en el bolsillo del pantalón. Todo el día estaba nervioso porque se me podía caer. Viví cinco años así.

Hasta que un día se me perdió. Hice memoria y supe exactamente dónde se me había quedado: en la oficina de un amigo. Estaba seguro. Mi primer impulso fue rescatarla, pero lo pensé mejor y preferí no preguntar por ella. Decidí liberarme de mi pluma. No podía seguir viviendo pendiente de ella. Fue un acto emocional: pasé conscientemente del apego al desapego. Con eso mejoré mi bienestar. Tenía una preocupación menos. Desde ese día ruego que no me regalen nada que pueda significar un apego”