Inteligencia Emocional y Liderazgo

Inteligencia Emocional y Liderazgo

Como decía Peter Drucker el líder es la persona con la habilidad de absorber la incertidumbre para que otros puedan seguir avanzando. Y por tanto el liderazgo es un rol que ejercemos o que todos podemos ejercer y que se puede asumir en cualquier situación, ya sea personal o profesional, si bien cada persona lo hará a su manera en función de su forma de ser y de su perfil de personalidad.

Solemos vincular el termino liderazgo al ámbito profesional, pero lo cierto es que es un rol, una función o un conjunto de habilidades que se desarrollan y se ponen en práctica en todos los ámbitos de la vida. No es difícil pensar en una familia en la que se produce un problema o un imprevisto, o se atraviesa una situación difícil que tiene a sus miembros asustados o incluso bloqueados; en estas situaciones es habitual que aparezca un miembro de esa familia no se deja arrastrar por sus emociones, sino que toma el timón, marca un rumbo a seguir e inicia la acción, provocando de forma casi instintiva o automática que los demás le sigan. Dado el tiempo en el que vivimos en el mundo de las empresas, será aún más fácil pensar en un ejemplo de una situación así en una organización, que no deja de ser un grupo humano organizado entorno a un fin u objetivo común. Los cambios vertiginosos a los que se ven sometidos las empresas en los mercados puede en cualquier momento provocar una situación imprevista, una dificultad importante, que provoque en la organización una situación de miedo o incluso de bloqueo: desde situaciones internas como la salida de la compañía de una persona en un puesto clave hasta por supuesto situaciones externas como el lanzamiento por la competencia de un producto nuevo que impacta directamente en toda la estrategia establecida. En esos momentos el rol del líder de absorber incertidumbre para que los demás avancen será esencial, ya que de ello depende que la maquinaria de la organización no quede paralizada y se puedan llevar a cabo en el rumbo los cambios necesarios.

¿Qué cualidades necesitaremos para poder ejercer este liderazgo ante la incertidumbre? Sin duda los conocimientos y la experiencia nos serán de gran ayuda, pero la cualidad o conjunto de cualidades clave para ello será las llamadas aptitudes o competencias emocionales. Y el porqué de esta respuesta es sencillo: sin Inteligencia emocional, el líder difícilmente podrá ante estas situaciones sentir y transmitir la serenidad necesaria para analizar las situaciones, plantear el rumbo a seguir y llevar al grupo a las acciones necesarias. La Inteligencia Emocional la podemos definir como una forma diferente (de la tradicional) de ser inteligentes, que implica la capacidad para ser conscientes de nuestras emociones y expresarlas de una manera adecuada en función de la situación en la que nos encontremos y de nuestros intereses, valores y objetivos personales o profesionales. Como dice Daniel Goleman será nuestro grado de Inteligencia Emocional la que determine cómo nos gestionamos a nosotros mismos y nuestras relaciones.

Cuando hablamos de Inteligencia Emocional la pregunta es ¿Gestionas tus emociones, o tus emociones te gestionan a ti? Si no entrenamos el conjunto de habilidades o capacidades que conforman este tipo de Inteligencia corremos el riesgo de que ante una determinada situación una emoción irrumpa en nuestro ánimo y genere en nosotros de forma automática una respuesta, empujándonos a un determinado curso de acción. Pongamos un ejemplo en el ámbito profesional: en una negociación, la persona con la que estoy negociando hace un comentario que yo interpreto como desprecio o una falta de respeto, lo que genera en mí una respuesta automática de agresividad y alerta provocada por una emoción que he sentido en mi cuerpo (en este caso probablemente ira o rabia); esta emoción tiene inicialmente una intención buena para mí, su función es permitirme reestablecer unos límites que han sido traspasados por el otro, pero en este contexto de una negociación al generar en mí una respuesta agresiva, lejos de permitirme recuperar el control de la situación, esta reacción emocional puede llevarme a no conseguir los objetivos que me había planteado en esa negociación. Un desarrollo adecuado de nuestra Inteligencia Emocional nos permitirá desarrollar la capacidad de identificar las emociones en nuestro cuerpo, entender qué ha provocado este estado emocional, regular la respuesta emocional adaptándola a la situación y contexto e incluso facilitar nuestras emociones, es decir, saber provocar en nosotros el surgimiento de la emoción más adecuada en cada situación para el logro de nuestros objetivos.
Gracias a estas habilidades el líder podrá ejercer su liderazgo en las distintas dimensiones:
– Liderazgo personal: mediante la autorregulación de las emociones de forma que jueguen a favor y no en contra de sus objetivos.
– Liderazgo relacional: un mejor manejo de las relaciones interpersonales, en las que no damos al otro “el poder” de generar nuestras emociones.
– Liderazgo de equipos: permitiendo dar a los equipos de trabajo un ejemplo de autogestión y serenidad, contribuyendo a un ambiente más estable y positivo.

 


 

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