Expectativas vs Frustración

Expectativas vs Frustración

¿Quién no ha escuchado alguna vez decir “si algo me entristece prefiero desviar la atención a cosas que me diviertan”, o “he dejado de leer la prensa y escuchar las noticias, solo hablan de cosas tristes”? Son reflexiones que el ser humano hace cuando no desea conectar con aquellos sucesos de la vida que le causan dolor.

Podemos extrapolar esta reflexión a todos los ámbitos, escuchamos desde “no lo intento y de este modo no fracaso”, a “no me comprometo y así no me decepciono” o incluso “no me enamoro por si me deja”, pero ¿en que coinciden estas decisiones?, en varias cosas, aunque todas en el miedo a que las cosas no sean como tú esperas que sean, el miedo a que no se cumplan tus expectativas.

Si tomas como definición de expectativa “la esperanza de recibir, realizar o conseguir algo”. Podríamos afirmar que habitualmente contamos con expectativas sobre las acciones de nuestras parejas, sobre el desarrollo de nuestros trabajos, sobre el reconocimiento de nuestros jefes, sobre las actuaciones de nuestros amigos, sobre la evolución académica de nuestros hijos, …

Y todos conocemos personas que viven en la continua esperanza, en el continuo esperar que las cosas se produzcan, aunque muchas de estas ocasiones sin pedirlo abiertamente. Es como vivir con la mano extendida a la relación y queriendo que el otro adivine lo que está esperando recibir. ¿Cuál es el motivo que les lleva a estar en ese estado?, para mí el “dar por hecho”, ese dicho tan presente en nuestra sociedad.

El “dar por hecho” es la conclusión de una obviedad, es tan evidente el resultado de la acción que no es posible aceptar que existan otros resultados, ya que se estaría admitiendo que existe otra forma de ver las cosas. Es admitir que la persona podría tener una visión diferente de responder a un hecho. Porqué cuando cuentas con algo es porque previamente, y mediante distintos medios, has supuesto que la otra persona te lo dará: has supuesto que te ayudará en la mudanza porque tú lo hiciste, has supuesto que te hará un regalo determinado, has supuesto que el reconocimiento público va asociada a un incremento salarial, incluso has supuesto que se acordará de tu cumpleaños.

Tan solo con una petición realizada adecuadamente se reduce el número de expectativas no satisfechas. ¿Como pides?, ¿eres franco?, ¿eres concreto?, ¿eres directo?, si has contestado que no a algunas de las tres últimas preguntas, seguramente estarás provocando expectativas en los otros y estarás sintiéndote frustrado ante expectativas incumplidas.

La expresión de nuestras peticiones con honestidad y franqueza disminuye las posibilidades de sentirnos insatisfechos y frustrados. Cuando reconocemos nuestras necesidades y las mostramos de forma directa y franca estamos mostrando nuestra capacidad aceptar un no o un desacuerdo.

Sin embargo, la expectativa no siempre está asociada a un comportamiento, tenemos expectativas de valores: de compromiso, de lealtad, de verdad, de respeto. Nuevamente hablamos de “dar por hecho” está vez en forma de respuesta moral.

Te invito a que hagas un análisis de tus expectativas frustradas, responde a las siguientes preguntas:

1. ¿Que expectativas no se han cumplido?
2. ¿Como hice mi petición?
3. ¿Qué “di por hecho”?

Es altamente probable que no hicieses tu petición de forma clara, concreta y directa porqué dabas por hecho que estaba claro lo que esperabas, igual que es altamente probable que ello te llevara a expectativas no cumplidas.

Tomemos como referencia para reducir la frustración de nuestras expectativas la recomendación de Don Miguel Ruiz en su libro “Los Cuatro Acuerdos de la Sabiduría Tolteca”:
no des nada por supuesto, se impecable con tus palabras, no te tomes nada personal y haz lo máximo que puedas.

Goose Talent Institute.