“El mundo se divide en dos tipos de personas: yo y yo”

“El mundo se divide en dos tipos de personas: yo y yo”

Sirviéndome de un tweet de Rodrigo Cortes: “el mundo se divide en dos tipos de personas: tú y yo”, se me ha ocurrido reflexionar sobre la dificultad añadida de proporcionar objetividad en un mundo subjetivo, la interpretación de nuestro propio mundo.

Si la subjetividad se refiere a los distintos puntos de vista particulares que el individuo sostiene sobre los demás, no tendría que darse la subjetividad sobre las interpretaciones que una persona hace sobre sí mismo.

Son numerosos los estudios que se han realizado sobre la complejidad de lo que es subjetivo cuando observamos e interpretamos las conductas de nuestro entorno. ¿Y qué ocurre cuando esa subjetividad tiene que ver con nosotros mismos?. Es igual o mayor que sobre los demás. Y si no somos capaces de reconocer nuestras habililidades o nuestras debilidades, ¿cómo vamos a ser objetivos con los demás?.

Estamos ante el mundo interno del ser humano. Ser objetivo iría de la mano del reconocimiento y entendimiento de los distintos papeles que representamos, de la compasión ante determinadas situaciones, de la comprensión de nuestra fragilidad y principalmente de la responsabilidad de asumir nuestra incapacidad de responder del modo más conveniente en cada momento.

El mayor valor que puede obtener una persona es empezar por adquirir conocimiento sobre sí mismo, ya que cuanto mayor es la conexión entre nuestra persona y nuestro personaje, mayor es la facilidad para afianzar o cambiar hábitos, mayor es la identificación con lo que creemos y con las metas que deseamos perseguir, mayor es la simplicidad para alinear valores, y en definitiva estaríamos más cercanos a la objetividad de nuestras vidas.

El rastreo y la búsqueda en nuestro interior, junto con el cuestionamiento de nuestras creencias sobre nosotros y sobre nuestro entorno, favorece el camino hacia una mayor objetividad interpretando lo que nos sucede con menor implicación emocional, y por ello con mayor facilidad para la toma de decisiones adecuada.

Si tomamos como referencia algunos recuerdos acontecidos en nuestro entorno profesional y lo interpretamos desde la misma posición en la que vivimos la experiencia, obtendremos los mismos aprendizajes y se despertarán las mismas emociones. Por lo tanto, cualquier interpretación estará asociada a una similar subjetividad. Sin embargo si ampliamos nuestra perspectiva, si observamos que patrones de conducta se repiten y ante que disparadores nos sentimos amenazados, si observamos las distorsiones de nuestros instintos y como ponemos el foco en lo que queremos preservar, podremos tomar conciencia de nuestro personaje y aumentar la conexión entre yo y yo.

 

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