El CAMINO DEL LIDERAZGO

El CAMINO DEL LIDERAZGO

Continuamente nos encontramos con personas que nos hablan de cómo son e incluso de lo poco que pueden hacer para cambiar: “soy así”, “a mi edad no voy a cambiar”, “pienso así porque me han educado de esta forma”, o afirmaciones con mayor determinación “el que nace lechón, muere cochino”. Estas afirmaciones refuerzan nuestra identidad y justifican nuestros actos y comportamientos.

Y a su vez existe una búsqueda continua hacía el liderazgo personal y profesional. No hay nada que nos motive más que convertirnos en un gran líder, capaz de despertar en las personas que nos rodean influencia e interés, ser capaces de propiciar situaciones sin necesidad de control, simplemente manifestando nuestro liderazgo a través de la energización de los equipos para que actúen motivados por iniciativa propia.

Son muchos los estudios realizados en materia de liderazgo que constituyen una guía clara para cualquier profesional que quiera mejorar la disposición y la efectividad de su equipo y de sí mismo.

Pero, ¿qué pasaría si los protagonistas de estas expresiones y perseguidores de la “pócima mágica del liderazgo” pensasen que “¿EL SOY ES DISTINTO AL HAGO?” y observasen los distintos motivos por los cuales cuando luchan por sus objetivos no los consiguen.

Pues podrían empezar por admitir que tienen margen de maniobra para que se produzca el cambio que desean con respecto a su forma de liderar. Un cambio enfocado a pelear más eficazmente por los objetivos propuestos y una mayor orientación al logro, un cambio hacía una gestión más conveniente de lo que les preocupa y les genera sufrimiento, y un cambio hacía el autoconocimiento y la interiorización como medio de conexión con uno mismo.

Consideremos la hipótesis de que el avance en el desarrollo del líder es alcanzar el máximo nivel de equilibrio entre las competencias clave de todos los eneatipos.

En un primer examen, no tendremos en cuenta en esta hipótesis ni las flechas de equilibrio, ni las alas de los tipos.

Ahora escojamos como punto de partida tres competencias clave para el líder:  la orientación al logro, la competencia profesional, y la competencia social. ¿Qué tipos destacan en estas competencias?

El eneatipo 3 y el 8 destacan en la orientación a los resultados y habilidad estratégica. Tanto en un caso como en otro estamos ante personas seguras de sí mismas y muy enérgicas, con intensa respuesta a los estímulos.  El 3 posee por sí mismo la cualidad del liderazgo, representa el hacer y lo pone en acción sin rodeos, con estrategias claras y directas para alcanzar las metas propuestas.  El 8 es directo y transparente, son personas con gran capacidad para crear grandes proyectos desde la nada, con gran capacidad para corregir las injusticias del sistema.

El eneatipo 2 y 7 destacan en competencia social y relacional, establecen relaciones con facilidad, son simpáticos y animados. El eneatipo 2 busca mejorar las organizaciones conectando con las distintas formas del ser humano, tejen una red de personas donde recibir y dar es la clave del éxito. El aprendizaje continuo de las experiencias vividas es una cualidad alta del tipo 7, posee grandes talentos y la capacidad de ilusionarse cada día con los proyectos.

Los eneatipos 1 y 6 destacan en el compromiso y calidad de los procesos, son organizados y orientados a los detalles. El eneatipo 1 tiene la cualidad de discernir, distinguir y clasificar las cosas teniendo en cuenta las opiniones sin dejar de trabajar por la calidad y cumpliendo los procedimientos y reglas establecidas.  Los tipo 6 son personas con una alta capacidad para observar el mundo y trabajar por la igualdad de las personas para que todos ganen, saben sacar lo mejor las personas a través de su cualidad esencial generando y aportando confianza.

Los tipos 4 y 5 destacan en creatividad y análisis, son introspectivos e intuitivos. Los eneatipo 4 consiguen hacer consciente lo inconsciente, su altísima sensibilidad a las emociones y su capacidad de esculpir dando forma y expresión a los momentos les convierten en “artistas” de la tarea.  El eneatipo 5 en su mejor versión es un gran líder de equipos, su habilidad para observar desde lo global tomando perspectiva les lleva a tener un gran foco puesto en los detalles con la facilidad de entrar a fondo y distanciarse.

Nos quedaría el eneatipo 9 que destaca como generador de consenso y armonía. Son personas que conectan con lo que realmente desean, con lo que valoran. Despunta en acciones correctas y comunicación asertiva.

Una vez desglosado las competencias clave de los tipos, la persona debería iniciar el trabajo de exploración y análisis de su propio eneatipo, y además de las energías de otros eneatipos que predominan en él. Como decía Curt Mirka en una formación en la que tuve el gran honor de asistir, “tenemos un tipo predominante y el resto cada uno en un grado”. Exploración clave para nuestro trabajo de liderazgo, ¿que tipos predominan en ti?

¡Un momento!, aunque ahora nos tocaría generar un plan de trabajo hacía el camino del liderazgo, antes debemos tener muy en cuenta con qué obstáculos de nuestro propio tipo nos vamos a encontrar. No olvidemos que para alcanzar la máxima efectividad de nuestro tipo no solo debemos gestionar las potencialidades, también las debilidades y obstáculos que florecen en las situaciones de estrés.

Para las personas con un liderazgo orientado al logro los impedimentos para el 3 son el exceso de competitividad y de búsqueda de reconocimiento en todas sus acciones, y para el 8 la exigencia y el deseo de control que se manifiestan con impaciencia ante los ritmos lentos y la exageración de las debilidades de las personas, llegando a mostrarse poco sutil y temerario ante cualquier incidencia.

Para los líderes orientados a la competencia social y relacional surgirán obstáculos de exceso de foco en las relaciones y falta de asertividad para el 2 que abusará de la adulación y la manipulación queriendo cubrir las necesidades de los demás; y de dispersión y falta de rutina para los 7, lo que en ocasiones les presenta como irresponsables y con poca constancia por su distracción ante los estímulos.

En el caso de los tipos orientados a la competencia profesional los obstáculos principales van a ser la crítica y la queja, crítica que predomina en los tipos 1 y 4 y la queja que está muy presente en los tipos 4, 5 y 6.

El eneatipo 1 puede llegar a mostrarse arrogante y rígido debido a que es dado a juzgar a los demás e incapaz de perdonar. El tipo 4 puede cerrarse en sí mismo y con dificultad para agradar ya que se vuelve desdeñoso.  El tipo 5 en su interés establecer distanciamiento, puede mostrarse frio y solitario en las organizaciones, y pedante y condescendiente en su interrelación con las personas dentro de los equipos. Y el eneatipo 6, ante su interés por estar seguro y tener el control para evitar la máxima incertidumbre, se muestra perseguidor y desconfiado, además de llegar a la inmovilización ante la toma de decisiones ya que entran en tal nivel de preocupación que cualquier acción se convierte en un problema.

Llegado este momento, ya estamos en situación de trabajar en nuestro camino hacía el liderazgo impulsando nuestras potencialidades y gestionando los obstáculos propios de nuestro tipo ¿cómo hacerlo?

Cada una de las competencias clave del líder para que las organizaciones y las personas evolucionen hacía una mejora tanto de la efectividad como de la eficacia, deberán ser potenciadas desde tres puntos: desde el autoconocimiento, desde la mirada al otro, y por último desde la relación de ambos.

La propuesta es crear un plan de acción que establezca acciones dirigidas a la consecución del objetivo y fijar medidas de éxito que permitan cuantificar la magnitud del proceso.

Para la competencia de orientación al resultado se pueden establecer medias de éxito cuantificables en lo que se refiere a ventas, incremento de número de clientes, reducción de costos, etc…

Para la competencia social las medidas tendrían que centrarse en aspectos como el clima laboral, la reducción del absentismo, la gestión de los equipos, etc.

Para la competencia profesional estaríamos hablando de medidas de gestión de la calidad y de las normas, además de lo referido a creatividad y diferenciación, desarrollo de nuevos productos, mejora en la competitividad intelectual, innovación y metodología científica, etc…

A todo esto siempre podemos añadirle el contenido de nuestra “mochila”.  Nuestra vida es un continuo aprendizaje, y cuantas más experiencias vivimos y más alternativas se nos presentan mayor facilidad para observar como en las diferentes situaciones y entornos surgen momentos para la reflexión, momentos para recapitular y observar que nos está sirviendo y que está haciendo de nosotros personas con grandes cualidades y enfocadas al desarrollo de las competencias, sólo tenemos que poner intención en nuestras nuevas acciones, tomar como referencia lo que nos sirvió, tomar conciencia de las cualidades integradas en nuestro ser y ponerlo al servicio de una mejora hacía el liderazgo personal y profesional.

“Somos el resultado de nuestra historia, pero no somos esclavos de ella” Joan Quintana

Susana de los Reyes