El autoconocimiento de los instintos

El autoconocimiento de los instintos

Instinto procede del latín “instinctus” que viene del verbo “instingere” formado por el prefijo “in” (interno) y el verbo “stingere” (impulso, motivación).

No es fácil encontrar una definición de INSTINTO, menos aún un consenso sobre el significado de dicho término. Lo que sí coinciden las distintas aportaciones es en su aspecto biológico como pauta de comportamientos común a toda la especie, con finalidad adaptativa, y de carácter complejo, ya que consta de numerosas variables: de percepción del objeto, de utilización del objeto, de satisfacción del objeto, de control ante la necesidad del objeto, …

Los expertos del análisis neurológico coinciden en que existen tres tendencias básicas del comportamiento humano, y que están en directa correlación con algunas estructuras cerebrales específicas y que han sido determinantes en el proceso de desarrollo y socialización de la especie: la tendencia al placer, al afecto y a la belicosidad. Son indudablemente los impulsos que nos han permitido llegar a lo que somos hoy.

Si los identificamos como los tres focos de energía que permiten la diversidad de sentimientos y conductas, y aceptando que los niveles de uno u otro foco determinarán la individualidad de cada uno de nosotros, nos aleja de hacer encasillamientos inflexibles y nos acerca a la exclusividad del individuo.

Observa como Darwin en su autobiografía, imagino que sin intención, nos describe los tres instintos de los que habla el Eneagrama: instinto conservación, instinto social e instinto sexual.

“Quien, como yo, crea que los órganos corpóreos y mentales de todos los seres se han desarrollado por medio de la selección natural o supervivencia de los más aptos, así como con el uso o hábito, admitirá que estos órganos han sido concebidos con el fin de que sus poseedores puedan prevalecer en la competencia con otros seres, y de esta forma crecer en número. Ahora bien, un animal puede verse forzado a seguir esta línea de acción, que es la más beneficiosa para la especie, ya que por medio de sufrimientos tales como el dolor, el hambre, la sed y el temor, o por medio del placer, como el comer y beber, la propagación de la especie, etc… O bien por la combinación de ambos medios, como en la búsqueda de alimento. Pero el dolor o el sufrimiento de cualquier clase, si se prolonga mucho tiempo, causa depresión y merma la capacidad de acción, aun cuando sea propicio para hacer que una criatura se proteja de cualquier peligro grande o repentino. Por otra parte, las sensaciones de placer pueden prolongarse mucho tiempo sin ningún efecto depresivo; por el contrario, estimulan todo el sistema para incrementar la acción. Por eso ha sucedido que la mayoría de los sensibles se han desarrollado de esta manera, por selección natural, y que las sensaciones de placer les sirven de guía habitual. Podemos ver esto en el placer del ejercicio, incluso en ocasiones en que se trata de un gran esfuerzo corporal o intelectual, en el de nuestras comidas diarias y especialmente en el derivado de la sociabilidad de nuestro amor familiar. Apenas me cabe duda de que la suma de tales placeres, que son habituales o que se repiten con frecuencia, proporcionan a los seres más sensibles un predominio de felicidad sobre la desdicha, aun cuando muchos de ellos sufran intensamente a veces. Tal sufrimiento es bastante compatible con la creencia en la selección natural, que no es perfecta en su acción, sino que tiende sólo a hacer a cada especie lo más apta posible para la lucha por la vida con otras especies, en circunstancias maravillosamente complejas y cambiantes”

Charles Darwin
Autobiografía, 1876
Desde la perspectiva del Eneagrama hablamos de instinto de conservación cuando nos referimos al impulso del individuo a adquirir equilibrio entre sí mismo y su entorno, y los comportamientos estarán principalmente enfocados a como alimentarse, a como dormir, al cuidado de la casa y de los recursos, etc.

Nos referimos al instinto social como la forma de reestablecer el equilibrio del grupo al que pertenece el individuo. Los comportamientos característicos se enfocan a cómo proteger a las crías juntas y desviar la atención de los depredadores para proteger a la manada, etc…

Y si hablamos del instinto sexual, hablamos de aquello en lo que el individuo centra su atención (personas, objetos, proyectos,etc) y se caracteriza por comportamientos enfocados a adquirir la presa para reproducción o para caza.

En el camino hacia el autoconocimiento es necesario reflexionar sobre cuál de estas tendencias dominan y por lo tanto influyen decisivamente en nuestra vida. Las denominemos tendencias básicas, impulsos, instintos o pulsiones son aquello en lo que ponemos nuestra energía y condiciona nuestra felicidad.

 

Goose Talent Institute.