MINDFULNESS: EL ANTÍDOTO DEL SIGLO XXI

MINDFULNESS: EL ANTÍDOTO DEL SIGLO XXI

 Mindfulness es un término ya muy familiar en Occidente. Al igual que el Coaching, se ha ido consolidando y, en la actualidad, puede considerase que forma parte de la estructura de conocimientos, integrados de manera definitiva en el mundo occidental, tanto para el desarrollo personal como para la aplicación dentro del mundo profesional.

El Mindfulness nació en los años setenta cuando la sociedad occidental empezó a tomar conciencia de los efectos perversos del estrés en la productividad. Jon Kabat-Zinn fue el pionero en su aplicación a la reducción del estrés.

En realidad, el Mindfulness es una simbiosis de Oriente y Occidente. Desde las técnicas de meditación con una finalidad religiosa, budismo, hinduismo etc., en Occidente, el Mindfulness convencional ha sido despojado de su ecosistema religioso y adaptado a las necesidades vitales de autoconocimiento de occidente. Una de las empresas pioneras en la aplicación de esta técnica a sus profesionales fue Google y el personaje que intervino en su proliferación en el mundo empresarial fue Steve Jobs, muy influido en su juventud por las técnicas orientales de relajación.

El Mindfulness, en esencia, consiste en un entrenamiento práctico para que podamos mantener la atención en el presente. Nuestra estructura cerebral está muy preparada para afrontar los acontecimientos del “aquí y ahora” y paradójicamente su tendencia natural es a “vivir” en el pasado y en el futuro.

El Mindfulness sitúa su estrategia principal en una verdad absoluta a día de hoy: el ser humano solo puede vivir en el momento presente y es ahí donde tenemos que poner nuestra plena conciencia para vivir una vida equilibrada y serena. La fuente número uno del estrés negativo es el agotamiento mental que produce estar constantemente anticipando el futuro en nuestras mentes o reviviendo un pasado idealizado.

Vivimos en un momento de la historia en el que basamos nuestra vida en la multitarea. Nos dedicamos a nuestro trabajo mientras consultamos los medios, el móvil y planeamos vacaciones futuras que jamás tendremos tiempo de disfrutar. Frente a este vivir para el futuro, basándonos en una agenda de tareas incumplidas y sin vivir el momento, está el Mindfulness.

El ser humano y su manera de vivir se han transformado más en estos últimos cien años que en los dos mil años que han transcurrido desde la muerte de Jesucristo. Nuestros adultos antepasados, a principios de 1900, vivían en un mundo en el que casi no existía la niñez, en la adolescencia se conectaron con una actividad profesional, antes de los veinte años ya habían formado una familia y su vida profesional transcurría en un mismo ecosistema, en el mismo entorno y las mismas relaciones personales y profesionales durante prácticamente toda su vida. Con poco más de treinta años empezaban el declive con todas las misiones “productivas” cumplidas. La expectativa de vida era en 1916 de cincuenta y dos años.  Es decir, prácticamente no les daba margen para pensar en su vida, ante la exigencia constante de sus circunstancias. Sobrevivir era el objetivo. Todo envuelto en un clima de extrema religiosidad que hasta hace muy poco tiempo ha sido el predominante. Esta vida era un tránsito hacia algo mejor, así se ha vivido en este mundo durante miles de años.

En la actualidad todo es diferente. El ser humano, en apariencia, vive mucho mejor. Tiene opciones, aparente libertad, una vida larga que coquetea ya con la centena de años, nos rodea el confort, una niñez larga y, en el mundo occidental, con un enfoque de abundancia y plenitud. Una adolescencia con margen para vivir grandes experiencias vitales. Mucho tiempo para prepararnos intelectualmente y entrar en la treintena con una formidable estructura mental para vivir la vida. En definitiva, en apariencia, la vida es más fácil, entonces…

¿Cuál es el motivo para que los datos objetivos sean tan demoledores?

– Según la Organización Mundial de la Salud, en el año 2020, la primera causa de baja laboral en el mundo será la ansiedad por estrés laboral.

– Aparición del Síndrome de Burnout: Denominado también “síndrome del quemado”, vinculado al trastorno emocional en el ámbito laboral. Los síntomas más frecuentes son depresión y ansiedad: sentimiento de agotamiento, baja autoestima, permanente nerviosismo, dificultad para concentrarse, etc…

En Francia, donde cerca de tres millones de activos estarían afectados, el Parlamento dio un paso hacia el reconocimiento del burnout como enfermedad laboral al adoptar, el pasado 23 de julio de 2015, una ley que dice que, en ciertos casos, las enfermedades psíquicas pueden ser enfermedades profesionales.

–  En la última década se ha duplicado el consumo de pastillas para dormir.

– Aumento desmesurado de la tasa de suicidios en los países avanzados del mundo.

Datos y más datos que nos confirman que la aparente mejora de las condiciones de vida no ha llevado aparejada una consecuencia positiva para la realidad vital del ser humano.

En lo profesional es dramático. Hay un compañero de viaje definitivo; la incertidumbre, el miedo. No sabemos qué va a ser de nuestra vida profesional en el corto plazo, ni siquiera si la profesión a la que nos dedicamos va a seguir existiendo en unos años. Ocho de las diez profesiones más buscadas del mundo no existían hace diez años.

Todos estos datos son conocidos por las empresas y, sobre todo, las grandes multinacionales ya están utilizando muchos de sus recursos para intentar evitarlo. Esta situación se traduce en millones de pérdidas anuales.

Según los estudios de la neurocientífica Sarah McKay para “Chopra Center”, después de realizar un metanálisis en 300 meditadores experimentados con estudios de neuroimagen , se reveló la potenciación de ocho áreas cerebrales:

  • Corteza prefrontal rostrolateral: una región asociada a la meta-consciencia (la conciencia de cómo pensamos), la introspección y el procesamiento de información compleja y abstracta.
  • Cortezas sensoriales y corteza insular: principales centros corticales para el procesamiento de información táctil como el tacto, el dolor, la propiocepción consciente y la conciencia corporal.
  • Hipocampo: dos estructuras subcorticales implicadas en la formación de la memoria y la construcción de respuestas emocionales.
  • Corteza cingulada anterior y corteza cingulada media: regiones corticales que participan en la autorregulación, la regulación emocional, la atención y el autocontrol.
  • Fascículo longitudinal superior y cuerpo calloso: estructuras subcorticales de sustancia blanca que comunican los hemisferios cerebrales.

En definitiva, gracias al Mindfulness y su práctica las personas han encontrado unas herramientas eficaces para poder vivir una vida más plena en lo personal y menos vulnerable a las exigencias profesionales, resultando ser un poderoso antídoto con el asesino silencios del Siglo XXI, el estrés crónico.


 

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